No hay inquietudes de que entre los hechos que mucho más marcaron a Argentina en la década de los 80 fue la trágica muerte de Alberto Olmedo, el habitual cómico que durante su trayectoria trabajó al lado de figuras como Susana Giménez, Lolita Torres, Tita Merello y José Cibrián. El día de hoy se cumplen 33 años sin el Negro y de esta forma fueron sus últimas horas antes del poco afortunado final.

Hace 33 años, el 5 de marzo de 1988 para ser precisos, Olmedo cayó desde el balcón de un departamento en Mar del Plata. Según relató entre las primeras presentes que vio la escena, Mariela, una mujer que en aquel instante tenía solo 16 años, aquella mañana se despertó con una voz que le resultaba familiar. En consecuencia, velozmente fue a buscar a su madre.

En el relato que brindó a Gaceta Gente, Mariana reconstruyó el instante: «Mamá, escuchame, Olmedo desea tirar a su hija… Por el hecho de que escuchaba que afirmaba ‘papá’. Mi mamá me mencionó que de qué manera iba a llevar a cabo una cosa de esta forma, que indudablemente se encontraba con alguna muchacha, que me acostase. Levanté la persiana, enojada, y en vez de localizar a 2 personas opinando veo a Olmedo, abajo, fallecido».

De todos modos, aquella voz que escuchaba Mariana diciendo «papá» no era de la hija de Olmedo, sino más bien de su mujer de ese instante, la actriz Nancy Herrera, con quien hacía poco se había reconciliado. «¿Por qué razón en este momento? Estábamos tan bien, nos íbamos a reparar. ¿Por qué razón en este momento, que estoy embarazada? ¿Por qué razón en este momento, papá, por qué razón?», insistía la viuda al lado del cuerpo sin vida del humorista.

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Jamás se supo con seguridad de qué forma transcurrieron los últimos minutos de vida de Olmedo, lo único que se conoce es lo que Nancy declaró: « se encontraba eufórico esa noche, feliz. Como aquellas personas que toman 2 copas de sobra, ¿entendés? Pero no sé por qué razón fue hasta la baranda.  traté de salvarlo. Hice lo que pude. Pero en un instante  soltó las manos y me miró fijo. Cayó con los brazos libres. En cruz, mirándome. Como diciéndome: ‘Negra, no llores, ahora no existe nada que realizar’. No chilló. Nada».

Alberto Olmedo





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