Federico Turin, un ingeniero de 48 años con una carrera prometedora, abandonó el planeta corporativo para abrir su lugar de comidas en Chile. Bautizó su negocio con el nombre de la madre del Libertador de América que cruzó Los Andes.

Para el emprendedor, su cruce fue romper una barrera cultural para ser útil comida clásico argentina en la mesa de los chilenos. El día de hoy tiene más de 5.000 usuarios en Santiago de Chile y transporta vendidas 300.000 empanadas y 100.000 variedades de facturas.

«En el momento en que me preguntan qué somos, siempre y en todo momento respondo que algo extraño. No somos un tradicional lugar de comidas, tampoco una cafetería o bien pastelería, menos una panadería o bien pizzería, mas poseemos algo de cada una», afirma Turin, dueño de Gregoria Cocina.

El emprendedor gastronómico aterrizó en Chile hace 9 años con un propósito muy distinto. Una esencial internacional le ofreció el cargo de gerente regional de su filial en Santiago de Chile. Un puesto con enorme jerarquía, más responsabilidades y también predominación en la compañía, que requería tener personal bajo su mando. Resumiendo, un peldaño más para el ascenso de su trayectoria corporativa como ingeniero.

Mas su pasión gastronómica no hacía sinergia con la vida de oficinista. «Me fatigué de todo lo corporativo y una noche dije basta, me marcho a dedicar a llevar a cabo empanadas», cuenta Turin. El ingeniero había estudiado gastronomía en 2001 y lo sorprendió que más allá de ser un país limítrofe, en Chile era realmente difícil localizar milanesas, empanadas, locro y alfajores de maicena, los platos y postres tradicionales de la cocina argentina.

El ingeniero comenzó con empanadas y después incorporó postres y facturas tradicionales de la cocina argentina.El ingeniero comenzó con empanadas y después incorporó postres y facturas tradicionales de la cocina argentina. Crédito: Federico Turín
«Utilicé mis ahorros para financiar el negocio, entre 15.000 y 20.000 dólares estadounidenses», afirma Turin. Sabía que tenía que ver con una apuesta, mas la posibilidad no se iba a ofrecer sola. El salto lo debía ofrecer . Antes de abandonar su viejo trabajo, procuró un local y comenzó con las proyectos, mas al poco tiempo recibió su primera lección como emprendedor: que un negocio no se lo puede conducir en el medio.

«Estuve seis meses sosteniendo los 2 trabajos, mas me resultó irrealizable proseguir, conque renuncié a la internacional para dedicarme 100% al lugar de comidas», afirma.

Había detectado algo que parecía un concepto millonaria, modelos con sello argentino y de elaboración propia que nadie más ofrecía. Pasó un año y medio desde el momento en que inauguró su primer local y las ventas no llegaban. La ilusión inicial pareció desvanecerse.

«Debí abonar un derecho de piso muy grande, pues la multitud no se encontraba habituada a comer empanadas argentinas aquí. No los argentinos habitantes. Más allá de que la red social que vive en Chile es muy grande, en el momento en que se instalan pierden la práctica y consumen platos chilenos. Otro inconveniente era que no hacía propaganda», afirma.

Con las ventas desplomándose Turin comprendió que era el instante de mudar la estrategia y también invirtió, por un periodo con limite, en un agente promocional para publicitar su negocio. No obstante, la respuesta tampoco fue instantánea y se precisaron 2 campañas para llevar a cabo comprender su lugar de comidas.

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«La segunda vez que hicimos el plan de prensa la demanda explotó. Hasta nos llamaron de múltiples programas de televisión y el negocio comenzó a mudar», afirma el ingeniero quien frente a la buena recepción de los usuarios incorporó entre sus artículos medialunas y facturas, un tradicional de los cafés argentinos.

En el momento en que la bonanza comenzó a allanar el sendero, la ladera volvió a verse rocosa y empinada: «A mitad de 2019, y de un instante a otro, el dueño del local me anuló el contrato. Quedé entre la espada y la pared y tuve menos de tres meses para montar el lugar de comidas de cero en otro sitio». Con un enfrentamiento legal por el medio, Turin avanzó de todas formas y halló un nuevo espacio. Las ruedas del negocio volvieron a girar, si bien por poco tiempo.

«En el mes de septiembre ahora tenía las llaves para abrir otra vez el lugar de comidas y en el mes de octubre llegó el estallido popular en Chile», cuenta. En ese entonces hubo caos en la ciudad más importante chilena y otros puntos del país con manifestaciones contra el gobierno del presidente Sebastián Piñera. La queja extendida y los estropicios en las calles sacudieron al país. Por meses la multitud quedó cubierta en el humo, la fuerte presencia de los carabineros para sostener el orden, los saqueos de negocios y la crueldad liberada.

El ingeniero ten en cuenta que con el toque de queda, que dictaminó el gobierno, debió reacomodar los horarios de los usados, mas alén de las adversidades el negocio logró salir adelante. Las manifestaciones menguaron al inicio del 2020 hasta el momento en que llegó el desafío más grande en su cruzada: la pandemia.

Como todo comercio perjudicado por el coronavirus, Gregoria Cocina debió reinventarse para subsistir. Turin recurrió al viejo manual del vendedor clásico de salir a buscar la venta. «Nos debimos reorganizar bastante. Comenzamos con nuestro delivery propio para no perder más plata con las aplicaciones de distribución que habitualmente se llevaban hasta un 30% de la venta en comisión. Nos retardó un par de semanas montarlo. Logramos una motocicleta y repartimos directamente», afirma el ingeniero y enseña la táctica que inventó para oxigenar su lugar de comidas frente a la crisis mundial: «Con una caída del 40% en el volumen de la demanda salimos a vender a las comunas más distanciadas de Santiago. Entregamos en Chicureo, Peñalolén y La Reina que es como en Buenos Aires irte de Belgrano hasta Quilmes solo para llevar a cabo un reparto».

Para Turin el sendero que recorrió fue golpearse constantemente hasta el momento en que funcionara el negocio. «O sea una pasión y no vuelvo más a trabajar en relación de dependencia. La distingue en el momento en que sos dueño es que tenés que ocuparte de todo. De poder los contratos, de hallar el local y que se lleve a cabo la obra. Y después ocuparte de la operación. Con escasos usados, si falta uno tenés que arremangarte, llevar a cabo empanadas, el relleno y amasar vos», cuenta el ingeniero.

Lo que sembró en su odisea trasandina, con paciencia lo ha podido cosechar. Su planta inicial de 2 usados medró a 10 y espera que se alargue a 16 en el momento en que inaugure el nuevo local que tiene sosprechado abrir antes de final de año.

Aparte de tener usuarios de distintas nacionalidades es proveedor de enormes corporaciones como el conjunto Cencosud (dueño de Jumbo y Disco). Tiene más de 100 artículos argentinos de elaboración propia entre aquéllos que se tienen dentro empanadas, pizzas, milanesas, pastafrola, chocotorta, pluralidad de facturas, chimichurri y hasta una fugazzeta que afirma que mide 32 cm, pesa más de 2kg y está rellena con 1kg de mozzarella argentina.



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Apuesta Exitosa