La junta militar advirtió a los participantes de la manifestación que se exponen a fallecer, lo que no ha disuadido este lunes a una cantidad enorme de personas de regresar a las calles para reclamar la vuelta de la democracia y denunciar el golpe. Tres semanas semanas tras el golpe de Estado en Myanmar del 1 de febrero, la movilización prodemocracia sigue viva.

El domingo manifestaron millones de personas y la campaña de desobediencia civil perturba el desempeño del Estado y la economía. «Los participantes de la manifestación están alentando a la multitud, más que nada a los jovenes y jóvenes exaltados a lanzarse sobre la vía de la confrontación donde van a morir», advierte un aviso en birmano leído en la cadena de televisión pública MRTV, con subtítulos en inglés.

El artículo advierte a los participantes de la manifestación contra la tentación de «combates y anarquía». El relator particular de la ONU para los derechos humanos en Myanmar, Tom Andrews, manifestó su preocupación por estas amenazas. «Observación para la junta: en contraste a 1988, la actuación de las fuerzas de seguridad está grabada y deberán rendir cuentas», advirtió en Twitter. La observación del poder no hizo mella en los participantes de la manifestación. Este lunes se reunieron nuevamente una cantidad enorme de personas en 2 distritos de Rangún, la ciudad más importante económica.

«Tengo mucha íra»

En Bahan, entre los distritos de la región, los participantes de la manifestación se sentaron en el piso y llevaban banderolas de acompañamiento a la jefe del gobierno civil depuesta, Aung San Suu Kyi, que está detenida desde el 1 de febrero en un espacio misterio. «Nos encontramos aquí para formar parte en la manifestación, para batallar hasta el momento en que ganemos», declaró Kyaw Kyaw, un estudiante de 23 años. «Nos encontramos preocupados por la opresión pero vamos a seguir. Contamos mucha íra», notificó AFP.

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Los pobladores de Rangún lograron constatar el refuerzo de las fuerzas de seguridad, que desplegaron multitud de camiones de la policía y el ejército en las calles, mientras que las calles próximas al vecindario fueron acordonadas por las fuerzas del orden. Los mercados y shoppings iban a mantenerse cerrados en solidaridad al movimiento prodemocracia. Asimismo hubo manifestaciones en las ciudades de Myitkyina y Dawei.

El domingo, los birmanos rindieron un homenaje a la primera víctima mortal de la opresión, una muchacha que se convirtió en icono de la resistencia contra la junta militar. Los entierros de Mya Thwate Thwate Khaing, herida de bala en la cabeza y fallecida diez días tras estar en cuidados intensivos, tuvieron rincón en la periferia de la ciudad más importante, Naipyidó, en presencia de cientos de personas. El sábado fallecieron 2 personas en Mandalay y una tercera en Rangún por la opresión policial.

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Según la asociación de contribuye a los presos políticos, 640 personas fueron detenidas desde el 1 de febrero. Las autoridades militares volvieron a recortar el conexión a internet en la madrugada del lunes por octava noche sucesiva, según NetBlocks, un observatorio especializado con origen en Reino Unido.

Generalmente los cortes de internet concluyen hacia las 09H00 pero este lunes iban a perdurar tres horas mucho más. El ministerio birmano de Relaciones Exteriores tildó el domingo durante la noche de «injerencia flagrante» en los temas internos del país las condenas de la red social en todo el mundo.

«Más allá de las manifestaciones ilegales, las incitaciones a los altercados y a la crueldad, las autoridades dan muestras de la mayor contención recurriendo lo menos viable por fuerza para llevar a cabo en frente de las alteraciones», aseguró el ministerio en un aviso. Los ministros de Relaciones exteriores de la Unión Europea tienen pensado reunirse este lunes para investigar casuales sanciones.





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