Como Julieta Ortega y Nancy Duplaá, Florencia de la V también se sumó a los mensajes reflexivos en búsqueda de verdad, memoria y justicia el pasado 24 de marzo a 45 años de la última dictadura militar. De hecho, la actriz compartió un texto que escribió para Página 12 en su cuenta oficial de Instagram e impactó con la historia que decidió recordar.

«Hoy por esas cosas azarosas del destino vine a la ex ESMA. Nunca estuve acá, es fuerte, este lugar es un gran símbolo que nos permite tomar dimensión en relación a la memoria vinculada a lo pendiente. Creo que la fecha lo hace aun más fuerte y conmovedor.
Este edifico es una invitación permanente a mirar este pasado y lxs nombres que surgieron de la resistencia y la lucha para continuar avanzando como sociedad», dijo la famosa a modo de introducción.

Y añadió: «Para eso tenemos que visibilizar a todxs lxs desaparecidxs. Siento que las travestis continuamos siendo negadas tanto de las historias como de la Historia, con mayúsculas. No somos parte de los relatos, a pesar de haber estado ahí.
En el verano del 93 (¿o quizá fue el 94?) tuve el impulso de subirme a un micro que llevaba a una comparsa. Recorrían diferentes corsos de la zona sur y a mí me dio curiosidad. En esa experiencia conocí a la Mery, una travesti sobreviviente. No puedo afirmar que en ese entonces haya podido dimensionar su relato, más bien creo que no tomé conciencia total hasta mucho después».

«Sin embargo, guardé en la memoria de una manera muy manifiesta lo que me contó. Tanto es así que hoy puedo traer su testimonio a esta columna con bastante seguridad de no estar tergiversando su relato. Era una noche helada y la Mery estaba parada con la Maira en Camino de Cintura. Era tanto el frío que hacía, que decía sentir el chillar de los dientes como si fueran castañuelas. Desde que se había hecho el cuerpo con silicona líquida, se sentía como un radiador, pero cuando el clima era tan adverso, le pasaba lo mismo que a estos aparatos: se congelaba», precisó en otro fragmento.

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A modo de cierre, Florencia detalló: «Ella no soportaba el frío y a los clientes les gustaba ver la mercadería antes de comprar. Por eso, estaban con la Maira abrazadas, tratando de calentarse mutuamente. No andaban ni los perros, la noche era una boca de lobo. No lo decían, pero tenían miedo. Habían empezado a desaparecer compañeras; se las llevaban y no volvían más. Aún no eran conscientes de lo que pasaba. Algunas travas ya les habían advertido…».





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