Michelle Pfeiffer fue en su época una de las actrices más buscadas por los directores y productores de Hollywood (al igual que Catherine Zeta Jones) y llegó a estar entre las mejores pagadas. Pero esos momentos quedaron en el pasado y ahora tiene un ritmo de vida más tranquilo, alejado del ajetreo de las cámaras. En una entrevista reciente recordó cómo no se escandalizó con toda la fama.

Según dijo la actriz de 63 años, hubo películas que incluso generaron en ella el sentimiento de vergüenza. “Me sentí mejor con algunas de las actuaciones que no le gustaron tanto a la crítica. Los (personajes) que me hacen sentir vergüenza son, por lo general, con los que obtengo las mejores críticas”, recordó sobre algunas de sus mejores películas.

Michelle Pfeiffer se fue haciendo un currículum envidiable para cualquier actriz y se convirtió en una estrella por los recesos que tomaba cada cierto tiempo. “Cuando trabajaba, trabajaba mucho. Entonces creo que la gente se acostumbró a verme mucho”, dijo. En su caso las cosas cambiaron cuando se convirtió en madre y tuvo que lidiar con la crianza y el trabajo.

“Antes de que nacieran los niños, mi trabajo era mi vida. Cuando eran pequeños, podía llevarlos conmigo, pero luego se volvió más complicado. Se convirtió en un desafío para los directores contratarme y era más fácil conseguir que otra persona hiciera el papel”, sumó Michelle Pfeiffer, no sin antes aclarar que dedicarse a sus hijos cuando pudo fue la mejor elección.

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El último año Michelle Pfeiffer ha estado refugiada con su marido, el cineasta David E. Kelley en la mansión que compraron en Los Ángeles y desde ahí dirige la marca de fragancias Henry Rose. “El lado positivo fue que tuve que estar muy concentrada en el negocio” lo cual le permitió estar más cerca de su familia.





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