El vino existe desde la hace miles de años, pero la botella de vidrio no surgió sino hasta el siglo XVII, cuando este elixir se convirtió en un lujo de las clases altas utilizado en fiestas y banquetes. La llegada luego del espumante hizo que el diseño de las botellas mejorara y se las fabrique más resistentes a la presión del gas carbónico. Sin embargo, ese no es el único motivo por el cual hoy se siguen fabricando botellas con el “culo” metido para adentro. En realidad hay muchas explicaciones por las que se hace así; casi todas justificaciones históricas.

Antes del surgimiento del vidrio, el vino estaba más expuesto al oxígeno y debía tomarse pronto, porque de lo contrario se oxidaba. La botella de vidrio permitió almacenar la bebida durante más tiempo y de paso hizo que el vino tuviera mejor sabor. Al principio, las botellas se fabricaban artesanalmente con la técnica del vidrio soplado. Eran de color verde por las impurezas del material (que no se filtraba), y tenían tamaños ligeramente distintos por su naturaleza artesanal, con lo que su capacidad oscilaba entre los 70 y los 80 cl. Pero la verdadera razón por la que la base se hundía hacia dentro era para no dejar expuesto el punto por el que se había soplado la botella.

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