Finalmente parece que todo apuntó a una provocación, por no decir una joda. En un contexto nacional y provincial muy difícil, con la segunda ola de coronavirus que amenaza golpear con la fuerza de un tsunami y ante una situación económica que no da respiro, la dirigencia política mendocina sigue el jueguito de las chicanas y de las propuestas inviables para intentar sacar algún rédito electoral.

Pocas horas después de haber lanzado en público la idea, el diputado José Luis Ramón aclaró este martes que su iniciativa de convocar a un plebiscito para que la gente vote si Mendoza debe separarse o no de la Argentina fue, en realidad, un movida “para terminar con la farsa del presidente del radicalismo (por Alfredo Cornejo) que dice que Mendoza debería independizarse del resto del país”. Esa propuesta “me da vergüenza ajena”, pareció sonrojarse Ramón, en una entrevista telefónica que dio a una radio de Buenos Aires.

Del otro lado de la línea los conductores del programa no terminaban de entender muy bien a quién habían llamado. La intención fue convocar a un diputado nacional para que les explicara en qué consistía esta consulta popular para que la ciudadanía se expresara por un asunto tan drástico pero, en definitiva, se encontraron con alguien que les explicó que, en realidad, lo que buscaba era provocar a Cornejo por su insistencia con un plan que, más allá de que cada tanto lo retoma, nunca lo terminó de plasmar en un papel.

Hace diez meses que el exgobernador soltó la propuesta del Mendoexit y todo sigue hasta aquí en el plano de las declaraciones. Los expertos juristas, desde que el tema fue agitado en junio del año pasado, ya aclararon que en caso de que Mendoza decidiera avanzar con una ruptura de este tipo el gobierno nacional podría decidir la intervención federal porque no hay manera constitucional de que un estado miembro pueda plantear algún tipo de secesión. A lo sumo, podría exigir una mayor autonomía provincial en el manejo de los recursos. Pero en eso tampoco se trabajó.

Incluso ya quedó muy lejos el episodio político que desencadenó la ocurrencia de Cornejo cuando afirmó en aquél momento que “el problema es político. El gobierno tiene el objetivo de perjudicar a Mendoza. No hay otra lectura que esa (…) La verdad que no me gusta separarnos de la nación pero ellos están obligando a Mendoza a autoafirmarse en sus propios valores e identidades”. Y generó el debate.

El enojo de entonces tenía que ver con la decisión de Alberto Fernández de frenar la obra Portezuelo del Viento. Cornejo hoy sigue convencido de que quizás la provincia debería olvidarse de construir esta presa en el Sur para destinar el financiamiento disponible de U$S 1.23 millones a otras obras que son también necesarias. Pero la realidad marca que Rodolfo Suarez siguió otro camino: apostó por la vía negociadora con la Casa Rosada y otras provincias y avanza hacia la adjudicación de la obra.

Ya en tren electoral y mientras tironea dentro de Juntos por el Cambio para intentar que un radical también quede en la competencia presidencial para el 2023, el titular del Comité Nacional de la UCR volvió a la carga en estos días. “Cada vez tiene más sentido la idea de Mendoza y Córdoba de separarse del país”, dijo, a la vez que aventuró que tanto él como Martín Lousteau están “más cerca de ser presidentes que Larreta y Macri”.

Esa nueva irrupción separatista, fue lo que movilizó la solicitada a una consulta popular por parte de Ramón. “A mí me da mucha bronca y llevo con mucho orgullo la bandera mendocina. Pero nosotros somos Argentina, y que aparezca el presidente del radicalismo a decir que Mendoza tendría que estar pensando cómo independizarme, me da vergüenza ajena”, explicó. Y redondeó: “A partir de eso he pedido esta consulta, como forma de decir que terminemos con la farsa. El proyecto tiene ese objetivo”. En síntesis: apelar con una una farsa para terminar con otra farsa.

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